Tras la reorganización militar, la revolución de los drones no para en Ucrania
Abriéndose paso entre robots, armas y ordenadores, Eduard Trotsenko, ingeniero ucraniano, apenas puede ocultar su entusiasmo en su casi distópico taller y alaba uno tras otro sus drones terrestres y sus prototipos futuristas.
"Estamos trabajando en un proyecto de pájaro mecánico", afirma con orgullo durante una entrevista con la AFP. "¡Podrá recargarse en el tendido eléctrico!".
Trotsenko, director de Temerland, empresa fabricante de drones militares, imagina incluso perros-robot en combate.
"Para salvar vidas, son los drones los que deben ir al frente", opina.
Una visión que se hace eco de la del exministro de Defensa ucraniano Mijaílo Fédorov, artífice de la transformación digital del país y principal impulsor de la innovación militar dentro del gobierno.
Sin embargo, su destitución en julio enfrió un poco el optimismo del ingeniero.
"No entiendo por qué lo destituyeron si hacía bien su trabajo", afirmó Trotsenko. El puesto de Fédorov recayó en Yevgueni Jmara, un responsable de los servicios de seguridad.
A pesar de las inquietudes suscitadas por este cambio político, ni los industriales ni los militares con los que ha hablado la AFP creen que se vaya a dar marcha atrás.
Más de cuatro años después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, la revolución tecnológica ucraniana parece haber superado a sus impulsores para convertirse en un ecosistema en sí mismo.
"Los jóvenes no desistirán" en su empeño por continuar con el movimiento, asegura Trotsenko.
- Privatización -
En un patio apartado de miradas indiscretas, militares e ingenieros observan cómo cobran vida los "grandes juguetes" de color caqui: un extraño ballet de vehículos oruga que colocan minas, las retiran o remolcan equipos.
Tras la invasión rusa de Ucrania, Trotsenko, de 55 años, ingeniero civil nacido en Kazajistán, pasó a dedicarse a la robótica ante una guerra que se automatiza a una velocidad vertiginosa. Su empresa fabricaba anteriormente puntos de recarga para automóviles.
Su especialidad actual: los drones terrestres. Tras haber invadido el cielo durante los últimos tres años, los vehículos autónomos pululan ahora por el suelo, a lo largo de la "zona mortal": 20 kilómetros en los que los aparatos voladores representan una amenaza permanente.
Por el momento, se encargan sobre todo de misiones logísticas, al evacuar a los heridos o abastecer las posiciones sin exponer a los soldados.
Pero Trotsenko destaca dos prototipos: uno equipado con un lanzacohetes RPG y otro con una ametralladora pesada, asistidos por sistemas de inteligencia artificial integrados.
"Actualmente se están probando en algunas brigadas", explica. "Estamos esperando la luz verde del Estado Mayor para su certificación".
Este giro tecnológico se ha impulsado bajo la dirección del exministro Fédorov, impulsor del "Defense AI Center A1", un centro dedicado a la IA militar encargado de aprovechar la información procedente del frente para acelerar el despliegue de nuevas tecnologías.
Soluciones que, según Trotsenko, aún recientemente despertaban poco interés entre los responsables militares formados en la época soviética.
Otra reforma impulsada por Fédorov tuvo como objetivo integrar a las empresas privadas en el núcleo del esfuerzo de defensa, lo que convirtió la competencia en un motor de la innovación militar ucraniana.
"En una empresa privada, podemos asumir riesgos más rápidamente", explicó el empresario. "Los militares hacen observaciones (...) y modificamos rápidamente nuestras plataformas".
- Necesidad de hombres -
Lejos de las instalaciones minimalistas de Temerland, en el frente oriental, Jason, un comandante militar, se deja caer en una butaca y acaricia distraídamente a su gato tras regresar de una misión.
"Podemos permitirnos perder un dron, pero no a un hombre", resume este jefe de una unidad de drones terrestres.
Esa frase que se ha convertido en el lema de las manifestaciones organizadas en Ucrania tras la destitución de Fédorov.
Pero la salida del exministro no le preocupa demasiado. "La iniciativa tecnológica no vino de arriba", sino que surgió por toda Ucrania al inicio de la invasión, considera.
"Jóvenes ingenieros comenzaron por iniciativa propia a desarrollar drones", explica. "Después llegaron las empresas, los emprendedores y los inversores".
Hoy en día, los programadores, los especialistas en telecomunicaciones y los ingenieros se encuentran entre los perfiles más valorados en el ejército.
"La guerra de los drones es también una guerra de especialistas", explica Jason, a quien le faltan más personas cualificadas que aparatos.
Frente a una pizarra cubierta de fórmulas y bocetos, Trotsenko esboza, por su parte, el futuro de una guerra poblada de "robots humanoides".
A largo plazo, quiere permitir que los soldados heridos puedan pilotar a distancia desde su cama de hospital.
"Los operadores podrían encontrarse en otro país, en Alemania, por ejemplo", afirma, difuminando aún más las fronteras físicas de la guerra.
En su taller, al igual que en las unidades militares, los ingenieros, impulsados por las necesidades del frente, ya están trabajando para superar esos límites.
La innovación está "en marcha", asegura.
Ch.Tremblay--HHA