Hamburger Anzeiger - Elena Rybakina, la nueva e indescifrable jefa del tenis femenino

Elena Rybakina, la nueva e indescifrable jefa del tenis femenino
Elena Rybakina, la nueva e indescifrable jefa del tenis femenino / Foto: JULIAN FINNEY - GETTY IMAGES NORTH AMERICA/AFP

Elena Rybakina, la nueva e indescifrable jefa del tenis femenino

Flamante número uno mundial y campeona del US Open, todos los focos del tenis femenino apuntan desde ahora a la kazaja Elena Rybakina, la figura más inescrutable del circuito.

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El imponente tenis de la kazaja está a la vista de cualquiera, como volvió a demostrar en la final ganada el sábado a Aryna Sabalenka en el Abierto de Estados Unidos.

Pero los pensamientos y emociones de esta torre de 1,84 metros de altura son un misterio para aficionados y rivales, tal y como ella quiere.

"Elena no es indiferente, simplemente nunca muestra reacción alguna", expuso la estadounidense Coco Gauff tras sucumbir ante ella en las semifinales de Flushing Meadows.

"Todas sentimos nervios y esas cosas. Cuánto de eso deja que le afecte, no lo sabemos, y creo que ahí radica su fortaleza. Nunca se puede ver lo que está sintiendo", apuntó la estrella local.

Cuando Rybakina conquistó su primer título de Grand Slam en Wimbledon en 2022, no gritó de alegría ni se dejó caer sobre el césped, simplemente levantó un puño cerrado antes de dirigirse a su silla.

"Voy a tener que enseñarle cómo celebrar como es debido", bromeó su oponente, la tunecina Ons Jabeur.

Pero Rybakina, de 27 años y nacida en Moscú, replica que mantener el autocontrol en la pista es también una elección táctica.

"Son muchas emociones", dijo esta semana. "Intento ocultarlas, porque simplemente no quieres que la oponente vea también tu frustración cuando algo está saliendo mal".

"Las personas que me conocen bien, desde hace tiempo, incluso leen pequeños cambios en mi cara", aseguró.

- "Una gran diferencia" -

Antes de su ascenso a la cima, la indestructible compostura de Rybakina fue puesta a prueba en varias controversias fuera de la pista.

Cuando las tenistas rusas fueron vetadas de Wimbledon el año de su victoria, Rybakina tuvo que responder numerosas preguntas sobre su decisión de jugar bajo la bandera de Kazajistán en 2018.

Entonces era una promesa semidesconocida de 19 años situada en el puesto 175 del mundo.

"Ellos creyeron en mí. Ya no hay más preguntas sobre cómo me siento", respondió entonces con brusquedad.

El miércoles, cuando aseguró por primera vez el liderato de la WTA, habló con orgullo de representar al país que respaldó su carrera profesional.

"Cada vez que vuelvo a Kazajistán, sin importar a qué ciudad vaya, siempre hay tantos niños", explicó. "Ahora juegan al tenis y cada vez más van a las instalaciones de tenis. Esto demuestra simplemente que todo es posible si crees y si trabajas duro".

En su propia infancia, según relató, ser una estrella del deporte no era algo con lo que soñara.

"Nunca pensé que iba a ser profesional ni que siquiera iba a jugar en este tipo de torneos, en los escenarios más grandes", afirmó. "Simplemente disfrutaba jugando al tenis después de la escuela, pasando el rato con mis amigos. Era solo por diversión".

Entre su primer título de Grand Slam en Wimbledon y el tercero en Nueva York se vio inmersa en otra polémica con la suspensión de su entrenador, Stefano Vukov, por una posible infracción del código de conducta de la WTA.

Según reportó The Athletic, la colaboración con Rybakina estaba finalizada cuando Vukoc "inundó" el teléfono de la jugadora "con mensajes de texto y más de 100 llamadas" para que ella volviera a contratar sus servicios.

"Nunca he tenido ningún problema" con Vukov, ha manifestado Rybakina, asegurando que no había sufrido ningún "maltrato" por parte de su entrenador y negándose a posar con la presidenta de la WTA, Portia Archer, tras su victoria en el Masters de Riad en noviembre de 2025.

Tras la suspensión, Vukov se reincorporó oficialmente al equipo de la discreta Rybakina, siempre alejada de la sobreexposición comercial y en redes sociales de muchas de sus colegas.

"Realmente no te da nada. Nunca estás muy segura de si está molesta o emocionada o qué es lo que siente", coincide la también estadounidense Jessica Pegula. "Creo que en el tenis actual eso marca una gran diferencia".

A.Swartekop--HHA